¡¡¡ APOTEOSIS EN ITALIA !!!

Settima puntata

 

Subimos a la habitación y una ducha me hizo recordar que era humano y regordete (la segunda ducha en una hora). Había sudado como un batallón y había pasado todos los nervios imaginables. Me había bloqueado, había pronunciado palabras involuntariamente …. ¡necesitaba una ducha! Cuando acabé, Mari Carmen estaba hablando con Luis Abel. Le estaba explicando el maravilloso encuentro con el genio, su amabilidad, la euforia, el subidón… Yo también hablé con Luis y le repetí la pregunta que me hizo Claudio de “¿Cuándo vendrá?”. Le dije que le había dedicado el "Io sono qui". Andrés habló con él también.
Seguimos hablando y hablando. Nunca una octava planta estuvo tan cerca del cielo.
En los receptores de televisión seguía la bienvenida al Sr. Domínguez. La decoración de las habitaciones destacaba bastante: esos muebles blancos de aristas redondeadas, los cuadros sobre seda en tonos pasteles y, ante todo, unas colchas acrílicas en un 800% que parecían plástico verdadero.
No llegamos ni a colgar la ropa porque allí solo íbamos a dormir una noche, se estaba haciendo la hora del concierto y no podíamos salir de la habitación después de tanta emoción acumulada. Había sido todo estratosférico.
No recuerdo la hora en la que decidimos abandonar el hotel, serían las 19, supongo.
La “autostrada” que debíamos coger para ir a Este era la que se dirigía a Verona. Encontramos el desvío y llegamos al lugar sin problemas. El concierto estaba indicado y no costó encontrar el enorme y precioso castillo (pasamos por delante de él al ir a aparcar el coche).


Fuimos al lugar del concierto. Mucha gente esperaba o se movía buscando algo. Había varios accesos. Localizamos a la maravillosas Melissa y Mariella y al no menos increíble Gianni “Battisti”. Fuimos a una pizzería cercana a por unos ángulos de “margherite” (exquisitos, por lo demás). Era un local muy pequeño ante cuyo mostrador no cabrían ni cuatro personas. Una de ellas era….¡Alberta! fue identificada por Andrés, Mari Carmen se puso a su lado y le preguntó :”¿Alberta?” y ella respondió :“Sí, chi sei tu?” e inmediatamente gritó un “¡Maaaaari Caaaaarmen!” Fue una casualidad muy muy curiosa y sorprendente. Allí comentó superalberta los incidentes de la tarde: había estado ayudando a los de Spanó con la organización y la “logística”. Parecía probable hablar con Baglioni antes del concierto… pero no lo hizo. Se debió retrasar en la entrevista con Alessandro, llegó tarde a los ensayos y no fue posible pasarle el libro que tan amorosamente habían confeccionado.
Ya estaban abriendo las puertas y nos separamos de Alberta que entró enseguida (su pizza era para llevar).
Cuando acabamos las pizzas nos acercamos al Castillo. Finalmente accedimos al lugar.

 

Era un patio grande, amurallado con torreones salpicando los paños de manera caprichosa. El aparejo era de piedra irregular con argamasa. A primera vista parecía un espacio más pequeño que el de Villa d´Erba. Al fondo, ante uno de los lados cortos estaba el escenario. Repetía la misma decoración –austera y lateral- que en Cernobbio: las cinco siluetas humanas con los brazos levantados, sujetando unos discos plateados.
Hice una escala en el “merchandising”. Era exactamente lo mismo que había en “Villa d´Erba”. Así que tuve que contentarme pillando un montonazo de camisetas para otro montón de encargos.

 

El concierto (Este, 18 de julio de 2004)


Diez minutos antes de las nueve salieron de la Organización Spanò y empezaron a hacer una crónica de cómo se invitó a Baglioni. Tras los agradecimientos y los aplausos, mientras todavía quedaba luz natural, finalmente empezó el concierto. Empezó igual, con una sublime versión del Strada facendo sobre un fondo de cristalinas guitarras acústicas.

La “scaletta” fue la misma que en Cernobbio. Pero solo eso. Porque el concierto fue diferente. Fue mejor. No sé si era la gente –quizás más joven- o el espacio -más reducido- o lo que llevaba interiorizado –el encuentro en el “Sheraton”-.

 

Fotógrafo:Alberto. Momentos de la actuación

 

El caso es que desde el principio el concierto fue diferentemente semejante. Ya sé que resulta difícil de sostener esto. No habló más, quizás, algo menos. No cambió nada, ni el orden de las canciones. Incluso mantenía los pantalones negros de cremalleras metálicas y la camisa blanca, pero no así las gafas. Era una sucesión de momentos enloquecidos con todo el público entregado, repasando Sono io y Viaggiatore.

Fotógrafa:Mari Carmen. Pillado Alberto en mitad del éxtasis.

 

Fotógrafo:Alberto. Represalia de Alberto.

 

Desde el primer momento alguien se encarga de hacer volar pompas de jabón. También casi desde el inicio flotaban –impulsados por la gente- globos. Y cuando el Sono io un puñado de incondicionales alzó unas cartulinas naranjas con la lectura “Sono io”. Y momentos cumbre y la seguridad que, me pareció, era menos rígida que en Cernobbio.

Se fueron alternando los momentos relajados con otros que fueron verdaderos climax.

 

 

Fotógrafa:Patrizia. Más momentos de la actuación.

 

En las ultimas canciones la gente se agolpa ante el escenario, haga lo que haga “la securezza” –que en realidad en ese momento hace poco. Y a la guitarra entre La Vita y Via Baglioni nos hacía botar. Yo estaba en una segunda fila “de pie” tras una Melissa que había conseguido ponerse delante. Era una fiesta total. Mari Carmen y Andrés habían logrado subirse de pie en las sillas de la primera fila y estaban cantando casi justo a la altura de Claudio enfrente de él (Fabione los miraba riéndose). Había una química o algo especial flotando. Yo había sacado la bandera y la había zarandeado al aire. En un no-sé-qué la lancé al escenario con la esperanza de que la cogiera y se enrollara. Pero acabó la canción y allí se quedó, al lado de un bafle, cerca del piano.

Y acabó el concierto y la gente satisfecha abandonaba asientos y recinto. Saludamos a Alberta que debía quedarse y a un montón de amigas ( las chicas de la web de su hijo Giovanni, Alex Diodato...) mientras la gente de la seguridad metía prisa a los grupos rezagados como nosotros. Quedamos con Alberta en el Sheraton.
Allí conoceríamos al histórico Rafaelle Pirretto, ése que tiene todo lo del mundo baglioniano y al cual Claudio llama "topo" por una historia que nos contó Meli muy divertida (él se reía); a Chiara, los amigos de Alberta, a Giulia Vita, la chica de las primeras fanzine de Claudio y a tanta, tanta gente que me resulta imposible recordar.

Fotógrafa:Mariella. Entre Meli y Mari Carmen está Raffaele.

 

Fuimos llegando a la puerta y salimos con la idea satisfecha de un final redondo. Saludos, despedidas, calor –mucho calor- y la gente que se arremolinaba en torno a las vallas pasillo que seguían las directrices de la puerta (esperando que saliera Baglioni). Y nosotros fuimos al coche y no localizábamos a Melissa. Finalmente Mariella vino a pie hacia donde estábamos y fuimos al encuentro. En eso Andrés sentencia que salía el Mercedes de Baglioni. Como la gente apoyada en las barandillas no se inmutó, no hicimos gran caso al comentario. Pero al poco llama Melissa diciendo que estaban siguiendo el coche de Claudio por la “autostrada”. Andrés no se equivocaba, conocía bien todas las macchinas y más la de Baglioni. Intentamos hacer lo mismo pero en algo nos equivocamos y en lugar de coger la autopista seguimos por lo que parecía una carretera nacional. Cuando llegamos al Sheraton de Padova más tarde que Melissa, nos dijo que no había podido ver a Baglioni, que llegaron más tarde. Que les habían dicho que pasó sin detenerse con nadie. En la recepción nos dieron un mensaje de Alberta, que no podía esperar mas y se volvía a Venecia. Ella le dijo a Mari Carmen por teléfono que entró Claudio como "si fuese el Papa", saludando con la mano pero sin pararse.

Nos despedimos de toda la buena gente y nos acostamos. En la habitación hicimos uso del mueble bar y estuvimos hablando hasta bien entradas las cuatro. Comentábamos, bromeábamos, repetíamos y nos sorprendíamos con esa frase de “Yo estaba convencid@ de que lo veríamos”, etc.

 

Padova, 19 de julio de 2004

 

Esa noche tampoco dormí ni 5 cinco horas. Cuando a eso de las 8 me levanté al bañó me asusté –de verdad- por mi propio reflejo en un espejo inesperado. Seguí durmiendo hasta que hubiera más luz.

Desde la habitación se veía aparcado , solo, el mercedes gris plateado del genio justo debajo de nuestras habitaciones. También se veía como a su alrededor se iban aparcando otros coches - de algunos fans que salían con libros y cosas suyas en la mano.

Fotógrafa:Mari Carmen. El Mercedes plata.

 

11 horas, ducha y maletas a presión (tanta camiseta, tanto disco… ¡menos mal que los recuerdos no ocupan espacio!) y a eso de las 12 dejábamos la habitación. El avión salía a las 21.30 del aeropuerto de Milán-Malpensa. Teníamos tiempo. Si hubiéramos querido podríamos haber hecho guardia pero decidimos que ya hubiera sido excesivo. Así que tras arreglar las cuentas con la Recepción nos fuimos. Hubo un problemilla con el ticket del aparcamiento y mientras estábamos validándolo, vino una señora diciéndole a Mari Carmen que tenía una amiga allí dentro del hotel que nos quería saludar. Volvimos a entrar y era…. ¡Romana! Romana se había puesto en contacto con nosotros antes del viaje. Habíamos quedado en pasarle cosas de Baglioni en español. Ella –que tenía el numero del móvil de Mari Carmen- había estado mandando mensajes, mensajes que no pudieron ser recogidos porque no fue posible validar Amena en Italia. Nosotros ya habíamos decidido enviarle las cosas por correo normal una vez volviésemos a España. Estuvimos hablando mucho rato con Romana. Comentó que llevaba 30 años siguiendo a Claudio y que solo una vez –en Livigno este año- había podido saludarlo. En una ocasión estuvo en el mismo hotel y en la misma planta y no coincidió. Seguíamos hablando y hablando (procedencia, trabajo, duracion de las vacaciones, hora de salida…) cuando una chica encantadora dijo: "Sei Mari Carmen?" (ellas se emiliean) y nos comentó: “Ragazzi, volete vedere una cosa?” mientras manipulaba su celular. En eso que se iluminó la pantalla y nos vimos –me vi, porque me estaba tranquilizando el genio- durante 9 intensos segundos en el momento de la foto. Era Maria Grazia, de Ancorassieme.net quien, con dos amigos, fueron los primeros en saludar el día anterior a Claudio cuando salió del ascensor.

Romana nos presentó a su hija, nos enseñó sus fotos de Livigno con Claudio...y se extrañó que nos quisiéramos ir cuando Claudio estaba a punto de bajar. Le repetimos que no queríamos ser molestos con él, se había portado muy bien con nosotros y no era cuestión de abusar. Todos los fans nos decían lo mismo, que de eso nada, que en todo caso abusaban ellos, que lo seguían por toda Italia y lo veían todas las semanas, pero nosotros españoles veníamos de muy lejos y muy de tarde en tarde.

Pues así y todo, decidimos ser moderados en nuestro comportamiento y partir, no sin antes desearle toda la suerte del mundo en su encuentro con Claudio (que se cumplió con creces).

Cortesía de Romana. Foto de Livigno que Claudio le autografió en el Sheraton.

 

Intercambio de mails y voluntades y con otro subidón inesperado, ya con las maletas, nos fuimos definitivamente del Sheraton de las sorpresas y de Padova, en breve.

Fotógrafa:Mari Carmen. Último saludo a ese coche que nos acompañó durante todo el viaje.

 

No hubo problemas para coger la autopista desde Padova (Padua para los hispanos) a Milán(o). Eran casi las 14 horas y no habíamos comido, así que dejamos de hablar, comentar, recordar, exclamar y evocar y nos detuvimos en un autogrill (las zonas de descanso en las autopistas).

Nos daba un poco de palo dejar el coche con todo en el maletero (discos de CB, algún dvd, camisetas, pósters –uno histórico-). Dejamos el coche cerca de la puerta.

Los “autogrill” son unas tiendas tipo “Vips” con bar-cafetería y tienda de alimentación y algo más (música, imagen, regalos, kiosko, tabaco, ropa básica y cosas de temporada).

Comimos tres pizzas (según Andrés, su “diavola” fue la mejor que probó en italia. Yo, claro, no pude decir lo mismo de mi “marguerita”. La mejor fue en Cernobbio).

Fotógrafa:Mari Carmen. Quanta fame!.

 

Y otra vez en el coche y “autostrada da fare nella machina delle vacanze d'estate”. (“¡quanta strada da fare peró quanta strada!”). El calor era bochornoso. Había aire acondiconado y le hicimos trabajar. Andrés, excelente conductor, confesa disfrutar al volante. Alternábamos música de Oltre a Assolo y de RCA a CBS y todos los viceversas, con alguna incursión de Umberto Tozzi.

Empezamos a considerar la posibilidad de ir a algún lugar para acabar la tarde. Era relativamente pronto y el coche debíamos dejarlo a las19.30. El “aereo” salía a las 21. Había tiempo. Mientras decidíamos alternativas nos vimos rodeados de coches en un atasco majo de avance 0.0. Luego sabríamos que había habido un accidente, con incendio incluido, y se formó un embudo. Así que el tiempo pasaba lento, lento y más Baglioni y nosotros felicísimos pese a estar en la frontera del límite. Sabíamos que el sueño, aunque cumplido con creces, se acababa. Y lo habíamos pasado muy bien... y, a mí al menos, me daba mucha pena el final. Yo había vivido muchos momentos muy-muy entrañables con gente muy-muy importante y el final daba un poco de algo indescriptible.

Se fue pasando el “embotellamiento” y nos dimos cuenta de la imposibilidad de hacer otra cosa. Porque faltaba ya poco para dejar el Astra. Antes de la hora límite llegamos a la terminal 1 de Malpensa. Dejamos el coche. Pagamos. Cogimos todas la maletas y un carro y fuimos a coger el autobús para la terminal 2 desde donde salía nuestro avión. Algún problema de peso (en las maletas y en mí, pero no se metieron con mis kilos) y a esperar. Alguna tienda, alguna llamada, algo de comer y avión. Desde Italia no reservaban el asiento, cada uno se sentaba conforme llegaba y elegía sitio. El pasaje estaba casi completo. El viaje fue bueno, pero no tanto como la ida. Se respetó el horario y llegamos a Valencia ¡con fuegos artificiales que nos esperaban! (eran las fiestas de un pueblo cercano).

 

Fotógrafa:Mari Carmen. Llegada a Manises cargados de recuerdos.

 

Calor húmedo en la recepción hispana, coche en el parking, sin sobresaltos (Andrés lo había manipulado para evitar sustos amarga-regresos), media hora de autopista y en casa de Mari Carmen para comer al día siguiente una excelente y exquisita paella valenciana hecha por una valenciana de clase extra, tras un chapuzón fresquito en la piscina.

Inmejorable colofón a un innolvidable viaje.

 

Fotógrafa: Mari Carmen. Bien está lo que bien acaba.

 

PD:

Fue fabuloso ver a CLAUDIO BAGLIONI, fue increible, fue Oltre, un verdadero "viaggio" en ese Strada facendo que hicimos, un Sabato pomeriggio, para ver a ese nuestro Pequeño gran amor o Amor bello, sólo los tres, con más gente que se apuntó en ese La vita è adesso de julio de 2004, Assieme, Ancorassieme, etc y muchos Alé-oó...

¡¡¡ FINE !!!

 

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