¡¡¡ APOTEOSIS EN ITALIA !!!
Settima puntata
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Subimos a la habitación y una ducha me hizo recordar que era humano y
regordete (la segunda ducha en una hora). Había sudado como un batallón y
había pasado todos los nervios imaginables. Me había bloqueado, había
pronunciado palabras involuntariamente …. ¡necesitaba una ducha! Cuando
acabé, Mari Carmen estaba hablando con Luis Abel. Le estaba explicando el
maravilloso encuentro con el genio, su amabilidad, la euforia, el subidón…
Yo también hablé con Luis y le repetí la pregunta que me hizo Claudio de
“¿Cuándo vendrá?”. Le dije que le había dedicado el "Io sono qui". Andrés habló
con él también.
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Era
un patio grande, amurallado con torreones salpicando los paños de manera
caprichosa. El aparejo era de piedra irregular con argamasa. A primera
vista parecía un espacio más pequeño que el de Villa d´Erba. Al fondo,
ante uno de los lados cortos estaba el escenario. Repetía la misma
decoración –austera y lateral- que en Cernobbio: las cinco siluetas
humanas con los brazos levantados, sujetando unos discos plateados.
El concierto (Este, 18 de julio de 2004)
La “scaletta” fue la misma que en Cernobbio. Pero solo eso. Porque el concierto fue diferente. Fue mejor. No sé si era la gente –quizás más joven- o el espacio -más reducido- o lo que llevaba interiorizado –el encuentro en el “Sheraton”-. |
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Fotógrafo:Alberto. Momentos de la actuación
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El caso es que desde el principio el concierto fue diferentemente semejante. Ya sé que resulta difícil de sostener esto. No habló más, quizás, algo menos. No cambió nada, ni el orden de las canciones. Incluso mantenía los pantalones negros de cremalleras metálicas y la camisa blanca, pero no así las gafas. Era una sucesión de momentos enloquecidos con todo el público entregado, repasando Sono io y Viaggiatore. |
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Fotógrafa:Mari Carmen. Pillado Alberto en mitad del éxtasis.
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Fotógrafo:Alberto. Represalia de Alberto.
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Desde el primer momento alguien se encarga de hacer volar pompas de jabón. También casi desde el inicio
flotaban –impulsados por la gente- globos. Y cuando el Sono io un puñado
de incondicionales alzó unas cartulinas naranjas con la lectura “Sono io”. Y
momentos cumbre y la seguridad que, me pareció, era menos rígida que en
Cernobbio. |
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Fotógrafa:Patrizia. Más momentos de la actuación.
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En las ultimas canciones la gente se agolpa ante el escenario, haga lo que
haga “la securezza” –que en realidad en ese momento hace poco. Y
a la guitarra entre La Vita y Via Baglioni nos hacía botar. Yo estaba en una
segunda fila “de pie” tras una Melissa que había conseguido ponerse
delante. Era una fiesta total. Mari Carmen y Andrés habían logrado subirse
de pie en las sillas de la primera fila y estaban cantando casi justo a la
altura de Claudio enfrente de él (Fabione los miraba riéndose). Había una
química o algo especial flotando. Yo había sacado la bandera y la había
zarandeado al aire. En un no-sé-qué la lancé al escenario con la esperanza
de que la cogiera y se enrollara. Pero acabó la canción y allí se quedó,
al lado de un bafle, cerca del piano. |
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Fotógrafa:Mariella. Entre Meli y Mari Carmen está Raffaele.
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Fuimos llegando a la puerta y salimos con la idea satisfecha de un final
redondo. Saludos, despedidas, calor –mucho calor- y la gente que se
arremolinaba en torno a las vallas pasillo que seguían las directrices de
la puerta (esperando que saliera Baglioni). Y nosotros fuimos al coche y
no localizábamos a Melissa. Finalmente Mariella vino a pie hacia donde
estábamos y fuimos al encuentro. En eso Andrés sentencia que salía el
Mercedes de Baglioni. Como la gente apoyada en las barandillas no se
inmutó, no hicimos gran caso al comentario. Pero al poco llama Melissa
diciendo que estaban siguiendo el coche de Claudio por la “autostrada”.
Andrés no se equivocaba, conocía bien todas las macchinas y más la de
Baglioni. Intentamos hacer lo mismo pero en algo nos equivocamos y en
lugar de coger la autopista seguimos por lo que parecía una carretera
nacional. Cuando llegamos al Sheraton de Padova más tarde que Melissa, nos
dijo que no había podido ver a Baglioni, que llegaron más tarde. Que les
habían dicho que pasó sin detenerse con nadie. En la recepción nos dieron
un mensaje de Alberta, que no podía esperar mas y se volvía a Venecia.
Ella le dijo a Mari Carmen por teléfono que entró Claudio como "si fuese
el Papa", saludando con la mano pero sin pararse.
Padova, 19 de julio de 2004
Esa noche tampoco dormí ni 5 cinco horas. Cuando a eso de las 8 me levanté
al bañó me asusté –de verdad- por mi propio reflejo en un espejo
inesperado. Seguí durmiendo hasta que hubiera más luz. |
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Fotógrafa:Mari Carmen. El Mercedes plata.
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11 horas, ducha y maletas a presión (tanta camiseta, tanto disco… ¡menos mal que los recuerdos no ocupan espacio!) y a eso de las 12 dejábamos la habitación. El avión salía a las 21.30 del aeropuerto de Milán-Malpensa. Teníamos tiempo. Si hubiéramos querido podríamos haber hecho guardia pero decidimos que ya hubiera sido excesivo. Así que tras arreglar las cuentas con la Recepción nos fuimos. Hubo un problemilla con el ticket del aparcamiento y mientras estábamos validándolo, vino una señora diciéndole a Mari Carmen que tenía una amiga allí dentro del hotel que nos quería saludar. Volvimos a entrar y era…. ¡Romana! Romana se había puesto en contacto con nosotros antes del viaje. Habíamos quedado en pasarle cosas de Baglioni en español. Ella –que tenía el numero del móvil de Mari Carmen- había estado mandando mensajes, mensajes que no pudieron ser recogidos porque no fue posible validar Amena en Italia. Nosotros ya habíamos decidido enviarle las cosas por correo normal una vez volviésemos a España. Estuvimos hablando mucho rato con Romana. Comentó que llevaba 30 años siguiendo a Claudio y que solo una vez –en Livigno este año- había podido saludarlo. En una ocasión estuvo en el mismo hotel y en la misma planta y no coincidió. Seguíamos hablando y hablando (procedencia, trabajo, duracion de las vacaciones, hora de salida…) cuando una chica encantadora dijo: "Sei Mari Carmen?" (ellas se emiliean) y nos comentó: “Ragazzi, volete vedere una cosa?” mientras manipulaba su celular. En eso que se iluminó la pantalla y nos vimos –me vi, porque me estaba tranquilizando el genio- durante 9 intensos segundos en el momento de la foto. Era Maria Grazia, de Ancorassieme.net quien, con dos amigos, fueron los primeros en saludar el día anterior a Claudio cuando salió del ascensor. |
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Romana nos presentó a su hija, nos enseñó sus fotos de Livigno con
Claudio...y se extrañó que nos quisiéramos ir cuando Claudio estaba a
punto de bajar. Le repetimos que no queríamos ser molestos con él, se
había portado muy bien con nosotros y no era cuestión de abusar. Todos los
fans nos decían lo mismo, que de eso nada, que en todo caso abusaban
ellos, que lo seguían por toda Italia y lo veían todas las semanas, pero
nosotros españoles veníamos de muy lejos y muy de tarde en tarde. |
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Cortesía de Romana. Foto de Livigno que Claudio le autografió en el Sheraton.
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Intercambio de mails y voluntades y con otro subidón inesperado, ya con las maletas, nos fuimos definitivamente del Sheraton de las sorpresas y de Padova, en breve. |
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Fotógrafa:Mari Carmen. Último saludo a ese coche que nos acompañó durante todo el viaje.
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No
hubo problemas para coger la autopista desde Padova (Padua para los
hispanos) a Milán(o). Eran casi las 14 horas y no habíamos comido, así que
dejamos de hablar, comentar, recordar, exclamar y evocar y nos detuvimos
en un autogrill (las zonas de descanso en las autopistas). |
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Fotógrafa:Mari Carmen. Quanta fame!.
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Y
otra vez en el coche y “autostrada da fare nella machina delle vacanze d'estate”.
(“¡quanta strada da fare peró quanta strada!”). El calor era bochornoso.
Había aire acondiconado y le hicimos trabajar. Andrés, excelente
conductor, confesa disfrutar al volante. Alternábamos música de Oltre a
Assolo y de RCA a CBS y todos los viceversas, con alguna incursión de
Umberto Tozzi. |
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Fotógrafa:Mari Carmen. Llegada a Manises cargados de recuerdos.
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Calor húmedo en la recepción hispana, coche en el parking, sin sobresaltos
(Andrés lo había manipulado para evitar sustos amarga-regresos), media
hora de autopista y en casa de Mari Carmen para comer al día siguiente una
excelente y exquisita paella valenciana hecha por una valenciana de clase
extra, tras un chapuzón fresquito en la piscina. |
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Fotógrafa: Mari Carmen. Bien está lo que bien acaba.
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PD: Fue fabuloso ver a CLAUDIO BAGLIONI, fue increible, fue Oltre, un verdadero "viaggio" en ese Strada facendo que hicimos, un Sabato pomeriggio, para ver a ese nuestro Pequeño gran amor o Amor bello, sólo los tres, con más gente que se apuntó en ese La vita è adesso de julio de 2004, Assieme, Ancorassieme, etc y muchos Alé-oó... |
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¡¡¡ FINE !!!
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