CLA3 ... UNA EMOCIÓN INFINITA

(Diario de un viaggiatore)

VERSIONE ITALIANA

          En realidad he de confesar que este viaje se inició el pasado 24 de Agosto de 2.004, ese día, como había hecho otras veces, escribí una vez más el nombre en Google de nuestro CLAUDIO BAGLIONI en esta ocasión determiné que solo se realizara la búsqueda en España, pulsé intro en el teclado de mi ordenador y... he aquí que casi sin darme cuenta, tenía delante de mis ojos, que quedaron absortos por la emoción, una página que se convirtió en una especie de tesoro que cualquier explorador de la buena música hubiera querido hallar siempre. Tras pasearme por todas sus secciones y buscar y rebuscar incansablemente como un sediento, después de su larga travesía del desierto; dejé un correo a nuestra querida Jefa, Doremi. Pasaron los días y aunque de vez en cuando volvía por SOLOCLAUDIO, no mantenía excesivas esperanzas de que mi mensaje obtuviera respuesta.

         Ocurrió que una mañana del recién estrenado mes de Septiembre, encuentro la constatación, que me indica que la página tiene vida, la habitan seres humanos, algunos de ellos, por cierto, muy cercanos a mi propia casa,  y poco a poco fui perdiendo esa sensación, creo que común a todos nosotros de estar “Solo” y... “Si un día suenan las canciones, esas mismas que tu amabas tanto”, “y volvieron las locas fantasías del primer día”... ¡vaya si sonaron! y volvieron las fantasías hechas realidad, tal y como cantó en su momento Claudio en uno de mis temas favoritos. A partir de aquí, los acontecimientos fueron una cascada irrefrenable de sentimientos, emociones,  continuos deseos de estar con vosotros. Doremi, me indicó el camino, el Libro de Visitas, mi primer intentó no fue fructífero y me retiré pronto, ella también me ayudó a que la gente supiera que yo era “Pata negra”, que existía, aunque a esas alturas ya había hecho algunas llamadas telefónicas a la Jefa y a Alberto. Pasé también, el primer fin de semana intentado contactar con Puoi, (un gran complejo a lo Paco Lobatón me invadió),  hasta que al final di con él una mañana de sábado; tras una larga charla telefónica, descubrimos que fuimos  compañeros de colegio en el pasado,  y al rato nos citamos para vernos, él, Quini, y yo. El encuentro se materializó en poco tiempo; recuerdo que estuve como pez en el agua  hablábamos el mismo idioma (Avrai, I vecchi, La ragazze dell’est...) que hasta entonces no había podido compartir con nadie, encima Puoi, recientemente vio a Claudio en Florencia; me contó maravillas ante el placer que produce su directo. También intercambiamos unos pequeños obsequios para sellar aquel encuentro. Esa misma noche, no pude dejar de ver a Claudio y su DVD “Tutto in un abbraccio”, la emoción se apoderó de mí de tal manera que definí aquella experiencia como una sacudida eléctrico-musical que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, penetró en mi corazón, mi cerebro... por fin, podía comprobar que hacía mi astro, en vivo, era una más de las experiencias inolvidables que me deparaba un futuro muy próximo.

         Comenzaron a multiplicarse mis visitas al Libro, un día Sarita, me sorprendió con una ternura absolutamente inesperada, empezaba a sentir que era de la familia y que todos intuían en mis mensajes grandes deseos por abrirme paso en este espacio de maravillosa humanidad musical. A estas alturas se me informó de la próxima celebración del Cla3, el momento no era el más idóneo en mi agenda, así que pronto concluí que mi presencia dependía mas de un pequeño milagro, que de otra cosa.

         9 de Septiembre: Durante esa mañana mi mente empezó a arder en deseos de estar cerca de vosotros, leía los mensajes y no podía parar mis crecientes ganas de viajar a Valencia. Llegué a mi casa algo después de las tres, mi mujer, mi compañera desde hace más de 25 años, vio mi cara y rápidamente leyó  mis pensamientos: -Dije- “Tengo una mala noticia para vosotras”, -ella- “Te vas a Valencia”, como podéis imaginar, contesté sí, sin pensarlo dos veces. Mi hija, se negaba a perderme de vista durante el fin de semana. Mi mujer, (benditas mujeres que adivináis el pensamiento solo con una mirada), preguntó, -¿Qué es lo que te mueve a hacer ese largo viaje?-  Mi contestación: -“Es lo que más ilusión me hace en este momento en mi  vida”-. Ella, con su habitual dulzura, hizo entender a nuestra hija, que ante ese argumento no había vuelta atrás. Esto me llevó a pensar en el maravilloso gesto de amor que tuvo mi pareja y a la que querría rendir aquí un pequeño homenaje con una  frase de Francisco Céspedes en su disco Vida Loca “En el amor hay que dejar de ser uno para volverse el otro”.

         Salté el primer obstáculo de una carrera contrarreloj.  Seguidamente llamada a RENFE: no hay billetes ni para el viernes, ni tampoco para el sábado, de nuevo la desazón me domina. Era asunto de pensar rápido en otro medio de transporte; de pronto, me acordé de un viejo amigo que trabaja en una empresa de autobuses, cogí mi móvil, lo localicé y poco después de 10 minutos, me contesta que toda la información relativa a los trayectos me los deja en la estación, por si al final me decido; prácticamente no le dio tiempo a colgar el teléfono cuando ya estaba allí, apresuradamente formalizamos los billetes. Mi proyecto empezaba a hacerse  realidad, me veía en Valencia y solo faltaban 24 horas para el desplazamiento.

          Otra cuestión por resolver fue el tema del alojamiento, Doremi, con su gran amabilidad me indicó dos hoteles próximos donde podía obtener habitación; durante la conversación, recuerdo que cruzando un paso de peatones a punto estuve de ser atropellado por un coche, aunque afortunadamente solo se quedó en un buen susto. En la agencia de viajes me indican que no hay reserva disponible para ese fin de semana en los hoteles que demandaba y que la solución era pernoctar en Valencia, en el Hotel Turia, -bueno, pues si no queda  otro remedio-, -me dije-, -¡que le vamos a hacer!-, (la verdad es que quizás no me hubiera importado esa noche, dormir incluso a la luz de la luna). Después de comunicar la buena nueva a Doremi y Alberto, llegué a casa desbordante de alegría. -¡Me voy, me voy!, exclamé;  enseñaba los billetes y la reserva del hotel, como un niño que acaba de conseguir su anhelado juguete un Día de Reyes. Evidentemente lo único que pude hacer, después de salvar todo estos avatares, fue convencerme y creer que existen los pequeños milagros de la vida y así os lo hice saber, en el Libro de Visitas.

Viernes, 10 de Septiembre: Recibo la llamada de Puoi, que ya había sido informado de mi viaje al Levante, le invité insistentemente, pero desistí al comprobar que le era imposible. Otro empujón muy estimulante fue el del entonces desconocido Pac, “Hay que tener un par de... para recorrer media España y estar con nosotros unas horas”, ¿recuerdas... Pac?, entonces vislumbraba tu afecto, pero aun no era consciente de su medida y calidad. Muchos de mis compañeros de trabajo conocieron la noticia, pero a una de mis colegas, no pude dejar de confesárselo al oído, como el que quiere compartir su felicidad; ella siempre pensó que estaría en el Cla3, cuando ni siquiera yo lo creía; ¿os podéis imaginar su cara?. Casi sin tiempo, conseguí un día libre, por si llegaba muy cansado. A partir de este instante el tiempo se ralentiza, cuento las horas, los minutos y segundos que quedan para que el Viaggiatore inicie su aventura. Dedico la tarde a preparar unos recuerdos con los que obsequiar a aquellos con los que ya había hablado en alguna ocasión o que como Pac, me alentaban con sus palabras a través del Libro. Rellené un pequeño bolso con lo imprescindible para un viaje tan corto, pero con mucho espacio, para la esperanza, la ilusión, vuestra posible amistad y por supuesto CLAUDIO BAGLIONI.

          Cené algo ligero, tenía un nudo en el estomago que no me permitía ingerir muchos alimentos, mi hambre era otra y esa hoy no se podía saciar con la comida. A las 00.06 h del recién nacido 11 de Septiembre solicité un taxi. Tras despedirme de mi hija, y ya en la calle, comienzo a ponerme nervioso, muy nervioso, tenía la impresión de que el coche, no llegaba nunca. Por fin después de unos minutos apareció, -a la estación de autobuses-, indiqué; en el interior del vehículo, el conductor preguntó –¿Va a Madrid?-, yo contesté, -no, voy a Valencia, haciendo trasbordo en la capital de España- y como suele suceder en estos casos charlamos brevemente durante el trayecto del tiempo, su trabajo...

         Al llegar, ocupé de inmediato mi butaca. Partiendo el vehículo de la estación, algo me confundió, -¿habré tomado el bus adecuado?-, el viajero de al lado, un chico joven de complexión recia, me informa que el coche de ruta, va primero a Cáceres, Trujillo, Navalmoral de la Mata... -¿llegaré a tiempo?-, me preguntaba. Mi acompañante era funcionario, iba a realizar unas pruebas para acceder a una plaza de ascenso, así que cuando llegamos a Cáceres, le dije: -Duerme porque lo tuyo es serio, te juegas mucho-. Debido a sus continuos desplazamientos, hay viajeros que son auténticos profesionales del descanso en carretera, yo, en cambio, nunca logro conciliar el sueño en un autobús, pero confieso, que aquel muchacho consiguió contagiarme ya que descansé hasta llegar a Móstoles, donde él, también despertó.

          Cuando llegamos a nuestro destino eran las 6.00 de la mañana, desayunamos, nos despedimos deseándonos mucha suerte y yo comencé una larga espera hasta las 7.00 h. en que tomé el segundo autobús que habría de llevarme a mi destino final, Valencia. Este trayecto, si cabe se me hizo más largo, mis ansias por pisar vuestra bendita tierra hacía que los kilómetros crecieran en metros y metros. A unos 40 Km. de Valencia mandé un Sms a Do, -“Estoy cerca, hay alguien por ahí”- pero no recibí respuesta alguna.  Por fin y después de que el autobús recorriera distintas calles de la ciudad, estaba en mi destino. Bajé las escalerillas y miraba por todas partes; Alberto, me había dicho previamente que intentarían ir a recibirme, él llevaría su camiseta de Claudio, yo pensaba: -no me habrán reconocido, seguro están buscándome y yo a ellos, pero no terminamos de localizarnos-. Intenté contactar con la Jefa infructuosamente en varias ocasiones. Poco después Caravan me llama, pero la conversación es imposible por un problema de cobertura. No pude evitar sentirme un poco abandonado a mi suerte; soy muy provinciano, lo reconozco, y no estoy muy acostumbrado a moverme mucho de mi tierra. Al rato recibo una nueva llamada, contesto creyendo que tras el teléfono está de nuevo Caravan, se trata de Doremi, que me indica que el hotel está muy próximo, yo le dije que lo sabía y que mi principal preocupación era que estuvieran buscándome sin resultado, como yo a ellos. Me explica, que la noche anterior ha sido larga y que el cansancio hace mella, por eso no habían podido ir a recibirme, -lo comprendo- le contesto, -ve alojándote que dentro de una hora pasamos a recogerte Caravan, Piko y yo-.

           Llego al hotel, donde lo primero que veo es un enorme cuadro con Puerta de Palmas el monumento más emblemático de Badajoz, la recepcionista me indica que hasta las 12.00 h. no puedo alojarme, nueva espera; para hacer tiempo, tomo un café con leche. Tras 60 largos minutos, por fin me dan habitación, pero no puedo entrar, la tarjeta y yo mantenemos una lucha titánica sin resultado positivo, pregunto a una camarera y en un pis pas, consigue lo que yo no había podido en mas de 10 desesperantes minutos. Tomo posesión de un lugar donde afortunadamente solo habría de permanecer unas horas, me ducho, hago zapping, y empiezo a convencerme de que estoy aislado, me acordé en ese momento de una frase muy taurina como queriéndome animar, -“los toreros no quieren buenos comienzos”-, como el mejor espada, reflexiono y llego a la conclusión que las historias no son nunca como empiezan, sino, como acaban. Pienso y repienso (como en nuestra “Favola blu”), hasta que abatido por el cansancio, comienzo a dormirme. Suena el teléfono móvil, tras él, la apresurada voz de Doremi, me indica que en 15 minutos llegarán a la puerta del hotel para recogerme junto a la zona que da al río, lo afirma con tal naturalidad que parece que se lo dice a alguien que esta viviendo en Valencia desde hace mucho tiempo, -llevamos un Ibiza- dijo. Mi impaciencia infinita, hizo que todos los Ibiza fueran ellos, hasta que por fin paran dos coches; Do, tras darme un rápido beso de bienvenida me indica que luego nos saludamos, que hay prisa; aquello tenía aspecto de ser un rescate en plena vía pública, me invita a subir al coche de atrás -irás mas fresquito-, dijo. Ciertamente vuestro “caló” es más pegajoso que el extremeño que resulta atorrante. Conozco a Piko y Alberto, que también venía con nosotros, (estaba muy cansado y a veces perdía la noción del tiempo y el espacio), intento recordar que intercambié unas palabras con ellos, tras unos minutos, llegamos al Restaurante “Arantxa” en Catarroja, donde degustamos una excelente comida; en medio de ella hubo la lógica conversación que nos ayudó a todos a romper un poco el hielo y nos hicimos las primeras fotografías, fue allí donde empezamos a estrechar los lazos, aunque el grupo era aun pequeño, lo mejor estaba por llegar.

         Después del arroz caldoso y otras viandas igual de exquisitas, volvimos a los coches para trasladarnos a casa de Doremi en Picassent. En el camino se nos unió a la caravana el coche de Juan Ramón, con Vanesa y Alberta. La perra de Doremi nos recibió exaltada, es muy cariñosa, y a su manera no paraba de saludar a todo el que se le ponía por delante, quizá contagiada por la tensión emocional que se empezaba a respirar; se te echaba literalmente encima y no paraba de ir de un lado a otro; yo sinceramente, no estoy acostumbrado a estas demostraciones caninas, pero, como todos los demás, pronto me acostumbré.

         Do nos agasajó amablemente con unas bebidas y empezamos a relacionarnos. Al principio estaba un poco reservado, mientras Alberta, nos mostraba todas las entradas que posee de su presencia en los conciertos de Claudio; por mi parte, ojos de envidia al no haber podido disfrutar lo mismo que ella.

          Conocí también a Vane y a su marido, Juan Ramón, que nos aclaraba que él estaba allí acompañando a su esposa, más que como fan de Claudio. Continuaban las conversaciones y yo permanecía en un discreto segundo plano, sin que mi verborrea comenzara a hacer de las suyas, como ocurre de costumbre. En el televisor, aparecen imágenes del “Tutto in un abbraccio” y se abre el forum de manera espontánea, cada uno se expresa, opina... Alberta demuestra que conoce hasta los más mínimos detalles de la vida de nuestro querido Claudio, pero también de Giovanni, Paola. Justo en ese momento me percato que delante de mí, existe una persona que hace innecesario tener que viajar a Italia, para saber más de la música de aquel país, y no sé si deliberadamente acabé sentado a su lado, ocupando el mismo sofá. De momento es ella con su deliciosa expresividad la que nos habla con sumo detalle de todo, absolutamente todo, lo imaginable o inimaginable del Romano de Oro, a veces, tenía la sensación  de que Alberta era parte de los más allegados a Claudio.

         Dimos la bienvenida a otros amigos que iban llegando y haciendo crecer el grupo... Pac y Pepi, Sara, Venancio... yo saludaba, pero todavía no los relacionaba según me los había imaginado en el Libro de visitas, es más, desconocía totalmente que Pac había sido el que con sus comentarios, la mañana anterior me había empujado definitivamente a estar en Valencia.

          El grupo está ensimismado ante las imágenes en la TV de nuestro cantante... actuaciones en el legendario programa “Aplauso” de TVE.

          Alberta me dijo que si podía fotografiar la imagen de su cara en aquella época. Luego, visionamos el dueto con Monserrat Caballé, aquí obvio los comentarios, porque los hubo y de todo tipo, hacia la diva de la ópera. Continuamos pegados, como absortos, a la pantalla con el arsenal de grabaciones con las que nos deleitaba la jefa, a cada cual, más curiosa e interesante.

         Alberta, cámara en mano hizo lo mismo que yo, plasmar fotográficamente todo lo que acontecía a su alrededor, por cierto, que me gustaría ver sus fotos. 

        Por mi parte, sometí a Alberta a la primera retahíla de preguntas, que contestaba con una paciencia y una dulzura digna sólo de las mejores personas, me respondía  siempre, incluyendo cualquier referencia que pensaba podía ser de mi interés, creo  que en cierto momento de la conversación ya era consciente que por mis venas corría algo de sangre italiana.

         Hice una foto a Alberta, donde mostraba una sonrisa, que refleja una cara radiante de felicidad, (te favorece totalmente, te hace aun más bella), luego otra con ella, Alberto y yo mismo.

          Nuestras manos empiezan a dejar de reprimir los gestos de verdadera amistad que brotan entre nosotros. Alberto sugirió acertadamente, que en el exterior de la casa, estaríamos mas fresquitos, fuimos desalojando el salón y nos juntamos en la que sería nuestra primera instantánea como grupo. Todos hablábamos con todos, las sonrisas iban reflejando nuestro estado de ánimo y también una felicidad común, que ya nadie podía disimular.

         Doremi, nos mostró la tarta que luego endulzaría aquel acontecimiento, yo puse de manifiesto que el azúcar no estaba permitido en mi dieta, aunque al final me uní con un trozo del dulce al evento. Todos, incluidos los arriesgados diabéticos, la rodeamos como objeto central de nuestro magno acontecimiento.

           Empezamos a repasar nuevo material que nos había suministrado Mari Carmen, a mí los vinilos me tocaron la fibra sensible, por que como sabéis soy coleccionista, pero ella tiene muchos más discos que yo de Claudio, posee todo y más. ¡Cómo no! Me sentí especialmente atraído por sus singles y LP’s, incluso, recordando mi etapa radiofónica, enseñé a los que ya empezaban a ser mis amigos, como había aprendido a manipularlos, sacándolos cuidadosamente de sus envoltorios y carpetas, para que sufrieran el menor daño posible.

          Creo, que más o menos en ese momento tuve mi primer contacto con mi hermano del alma Pac, -Tu eres el de... hay que tener. -Soy Póster-, contesté; me resultó igualmente curioso que nadie me conociera por mi verdadero nombre, ya que como Póster, he nacido hace muy poco... pronto me sonó de lo más familiar. Pepi, la esposa de Pac, llevaba muchos años buscando una canción; a mí estos retos me fascinan. -Cántamela un poquito- le dije, y a los primeros compases, contesté con total seguridad, a sabiendas de que la iba a hacer muy feliz: Esa canción es de un brasileño Fernando Mendes, y se titula “Silla de ruedas”. (Aprovecho para aclarar, llegados a este punto, que no me gusta hacer alarde de nada, solo compartir con la gente, lo poco que sé; juego con ventaja, LA MÚSICA, ha sido siempre el eje central de mi vida, vivo por y para ella). Hecho este inciso, la respuesta de Pac fue una cariñosa expresión: -¡Máquina, eres un máquina!- -y lo bueno es que la tengo, ya os la mandaré-, les manifesté con gran alegría. -Llevamos buscándola un montón de años-. -La dábamos por perdida- contestaron entusiasmados. Conminé entonces a Vane y a su marido a que me dijeran algún tema olvidado, ya había calentado motores y estaba mas que dispuesto a complacer a los que estaban a mi lado, hizo lo mismo que Pepi y tarareo unos compases del “Do it again” de Steely Dan, que creo que ya tendrán en su poder, junto con otro ramillete de temas que espero les hayan agradado por igual.

         En el transcurso de todo este tiempo, el grupo del Clá3 seguía mirando, tocando y acariciando cada disco u objeto de Claudio que Doremi, puso en nuestras manos, preguntando por su procedencia, mientras Claudio, sonaba de fondo y nosotros canturreábamos sus letras y melodías.

           Alberta, entiende el humor español, porque hubo un rato en que ella conoció mi peregrinaje hasta llegar al Cla3 y me comentó que  se volvía a Italia en avión en poco tiempo; entre un gran ambiente de simpatía, risas y carcajadas, la intenté convencer inútilmente para que ella se viniera con mis billetes de autobús a Badajóooooo e irme yo con los suyos en avión, medio en el que nunca he viajado. Al final no lo conseguí.

          Ay! Piko... mi Piko, recuerdas?, pregunté a Alberta, una vez más, algo sobre Claudio. –¿En la canción Póster, en su versión italiana dice... ven a Tunisia?- ella contestó afirmativamente, pues en la española dice -ven a Punta Umbría- añadí yo, los dos coincidíamos en que cuando lo grabó, Claudio seguro, no sabía ni donde estaba ese punto de la Costa de la Luz española y además Alberta comentó que los padres de Claudio son de la región de la Umbría en Italia; pero he aquí, que mi gran amigo Piko, afirma que la frase de esa gran canción no era así, no recuerdo con exactitud que texto defendía él. El caso es que aposté una cerveza sin alcohol, a que yo llevaba la razón. Estuvimos largo rato dándole vueltas al enigma y la apuesta subió de valor hasta una cena, -te la pago si hace falta en Badajó- –dije-. Entonces alguien preguntó a la Jefa, cual era la respuesta correcta, ella muy segura dijo –Punta Umbría- y el júbilo me inundó, pero como soy todo un cabezota, le insistí para que la pinchara en el CD, subió el volumen a tope y sonó aquel... -“Ven a Punta Umbría- en la inigualable voz de un Claudio al que había oído miles de veces interpretando la cara “B” de “Sábado por la tarde”.

           Y así, casi sin darnos cuenta, se nos echó la noche encima. Recuerdo que fue Venancio el que me trasladó hasta el local donde habríamos de reponer fuerzas porque la noche iba a estar plagada de acontecimientos inesperados y a cuál más emotivo.

          Puoi, no quiso perderse el ambiente y desde la ciudad por donde pasa el Guadiana se unió telefónicamente a la fiesta, le pasé, creo que fue con Piko, Doremi y Alberto. Desde la fachada del lugar de tapas, llamé a casa para que mis chicas supieran de mi aventura por la capital del Turia y escucharan mi voz tranquilizadora en la otra punta de España. Mientras se producía esta conversación, miraba de reojo, a los para mí, entonces, desconocidos José Palacios y su esposa Amada, e igualmente, a un amigo portugués, coleccionista como yo, a los cuales saludamos cordialmente; todos juntos nos hicimos una foto para perpetuar en el futuro, el encuentro.

   Continúa...(página 2)

NB: La música de fondo es "Poster": por el nombre del autor del relato y por el contenido del estribillo de esta canción..."Marcharte, muy lejos, muy lejos...", que es lo que hizo nuestro amigo de Badajoz para venirse a Valencia.

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