|
Una vez nos situamos en el interior del local, pudimos degustar distintos tipos de platos suculentos. Mi emplazamiento fue justo al lado de José Palacios, su cónyuge y del vecino portugués. Con José y Amada, fue fácil iniciar la conversación, él sabe de jamones y es un docto cortador de esa joya gastronómica de mi tierra, además me comentó que había vivido en Badajoz por circunstancias laborales durante un tiempo, ella me pareció encantadora y el ciudadano de Montijo (Portugal) me explicó como se había quedado sin su colección de discos e intentaba recuperarla. Anteriormente a Puoi le había prometido que le llamaría para que siguiera contagiándose del ambiente que allí se respiraba, así que mi móvil empezó a volar a lo largo de la mesa, para que todo aquel que lo deseara, le saludase.
Finalizamos nuestro ágape y nos fuimos de inmediato a “La Pantera Rosa”, un lugar de karaoke donde cada uno canta libremente, como mejor sabe o puede. Curioso que a la puerta estuviera escrito el año 1979, el de ETCS? Yo no estaba muy seguro si subir al escenario o no, pero al final, en el libreto vi una canción que se ajustaba a mis escasas posibilidades canoras y que tenía un texto que podía servir para dedicarla a mis amigos del Cla3.
Allí vivimos momentos apoteósicos con un pletórico Palacios, marcándose un “Amore Bello” que salía de lo más hondo de su corazón, ¡qué interpretación!, Mari Carmen ya me había puesto en antecedentes de la capacidad vocal de nuestro colega, pero lo suyo, fue más de lo que yo podía imaginarme. Sara no pudo contener unas lágrimas que inundaron su rostro, pero lejos de apenarme, la miré fijamente a la cara y observé como su belleza se convertía en extraordinaria... -¡alguien que al igual que yo, podía emocionarse con una canción hasta llegar a llorar!- pensé; haciendo un ejercicio de empatía, me puse en su piel, lo suyo serían una mezcla de vivencias personales, recuerdos, añoranzas y también emoción por todo lo que nos rodeaba. Abrazados unos a otros y moviéndonos a los compases de la música de José-Baglioni, llenamos aquel lugar de unas vibraciones que supongo, serían la envidia del resto de la gente, que no llegaba a comprender lo que estaba pasando en aquel clan que latía como uno solo. Lo que conseguiste esa noche, -José- solo está al alcance de los más grandes y tú lo eres.
Entretenido entre foto y foto y quizá un poco aturdido por el “agua de Valencia”, sonó mi nombre y me tocó el turno, subí bastante nervioso al escenario, se iniciaron los primeros compases de “El amor” de Perales, titubeante al principio, pero seguro al sentirme arropado por vosotros, como dije antes de cantar, lo hice con el corazón y especialmente frases como: “El amor es soñar oyendo juntos una canción” y “parar el tiempo en el reloj”, eran palabras que se escapaban de mi corazón y salían dirigidas a cada uno de esos seres humanos que me hacían sentir tan feliz. Al finalizar el tema, no era consciente de lo que pasaba, pero al alcanzar la mesa y experimentar vuestra calurosa acogida, comprendí que había conectado con mi familia baglioniana en una maravillosa y mutua comunicación.
Minutos después, saltó de nuevo José Palacios. La Jefa se conmocionó al escuchar las primeras notas de “E tu…”, creo que una de sus favoritas y no pudo contener la emoción, la vi pletórica, llena de vida, expresando en cada gesto y en cada mirada, su incontenible felicidad. Tuvimos que darle un toque al encargado del local, porque se había olvidado de nuestra querida Sarita, que cantó con su potente voz, una canción tremendamente complicada “Aprendiz” de Malú; a todos nos suenan aun los pálpitos del corazón tras su emotiva interpretación, como un eco difícil de olvidar.
El calor, por momentos, se hacía insoportable y lo mitigábamos, como podíamos con un abanico, que pasó de mano en mano, o que agitamos al lado de los que nos acompañaban, hasta producir una pequeña brisa que calmara el bochorno general.
Creo que fue Doremi, quien sugirió ir a la playa. Tuvimos dos bajas, mi amigo de Montijo (Portugal) y Venancio que no se encontraba muy bien. Yo, por mi parte estaba entusiasmado, entre otras cosas, porque siempre me ha fascinado el mar de noche. A esas horas la vida se torna especial, así que en pequeña excursión nos dirigimos hasta el Mediterráneo. Ya no importaba que se hiciera de día, no me molestaba el cansancio acumulado del viaje, quería vivir intensamente aquellos momentos que se convertirían en inolvidables. En la playa, nos sentimos como niños, estuve tentado de tirarme al agua, pero al final no lo hice, eso si, no me quise perder, pisar con mis pies la arena y notar la frescura del líquido elemento, aunque para ello tuviera que despojarme de mis zapatos, subiéndome los pantalones a la altura de las rodillas y quitarme el nicky que llevaba puesto, para que la brisa marina acariciara parte de mi cuerpo. Alberto corrió mejor suerte, iba preparado y él sí que pudo degustar lo que supone un chapuzón nocturno a orillas del Mediterráneo.
Cuando volví a recoger mis prendas, se produjo una divertida anécdota, un mago no identificado había cambiado mis zapatos de cordones por unos mocasines, en principio no tuve duda, alguien me estaba gastando una broma, pero como todo el grupo me convencía que eran los míos, llegaron casi a convencerme; después de un montón de risas y complicidades por parte de los demás y cuando asumía que se trataba de un error por mi parte, llegó Piko y se descubrió como el artífice del montaje. Todavía colea en el Libro la historia... ¿verdad Piko?. La Jefa nos hizo saber que la noche se acababa y que al día siguiente, es decir, a las pocas horas, tendríamos que seguir en su casa con una apetitosa paella a la que estábamos invitados. (Sinceramente Doremi, yo no te hubiera hecho caso porque estaba muy a gusto y veía que el poco tiempo que me quedaba se me iba escapando inexorablemente de las manos). En Valencia, nos despedimos de José y Amada, me resultaron tan encantadores y humanos que les pedí que hicieran un esfuerzo para que compartieran con nosotros el domingo, sé que para ellos suponía un gran sacrificio, pero prometieron intentarlo. Otra demostración de cariño sin limite: Pac cuando íbamos en su coche, camino de mi hotel, me dijo: “Esta es la última vez que vienes a Valencia y duermes en un hotel, la próxima te quedarás en nuestra casa”, me emocionó de tal forma que estuve a punto de romper a llorar, y es que alguien que a pocas horas de conocerte, te ofrece compartir contigo su casa y su familia, es un ser humano excepcional y Pac demostró que lo es; no contento con esto, cuando entré en el hall del hotel, volvió a aparecer y preocupado por cómo me iba a trasladar a Picassent a la mañana siguiente, me dio su número de móvil y me insistió en que si tenía cualquier problema, él pasaba a recogerme. Le indiqué que ya me había citado con Piko, que amablemente se ofreció también a llevarme. Me sentí, en mi casa, aquella tierra y su gente empezaban a ser parte de mí. Día 12 de Septiembre. Sólo pude dormir 5 escasas horas, pero descansé como si hubieran sido 8. Estaba ansioso por lo que nos iba a deparar el día, ya os conocía y estaba seguro que todo lo que iba a suceder sería hermoso, solo había una pega, el tiempo corría sin parar. Me duché, hice mi pequeño equipaje y salí a tomar algo para afrontar esa nueva jornada, después visité “La Pirámide musical”, donde el tiempo también pasó sin darme cuenta; me llamaron la atención las secciones dedicadas a música italiana y francesa. Sonó mi móvil, Piko me dijo que me esperaba, le contesté que estaba terminando de darle un repaso al material de la tienda. Al rato nos vimos en el lugar donde nos citamos. Otro lapsus, pregunté a Piko si él era el que había estado comiendo el día anterior conmigo, si el coche era el del sábado, la verdad es que mi emoción era tal, que a veces lo confundía todo, me imagino que él no podría evitar una sonrisa a cada una de mis confusas preguntas. Llegamos a casa de Doremi, no sin antes, dar algunos rodeos porque ni Sarita que nos acompañaba y siendo valenciana, ni Piko, se enteraban muy bien del trayecto a seguir. Una vez allí, repartí unos recuerdos en forma de música a Andrés, Doremi, Alberto, Pac y a Piko. José Palacios ya había contactado con la Jefa, preocupado por cómo llegaría hasta su casa (más afecto hacia mi persona). Después, pregunté a Do si me dejaba dar un baño en su piscina, así que Alberto y yo nos refrescarnos un poco y por supuesto, que hablamos de Dylan, Aute... y otros.
Mari Carmen estaba muy preocupada por la paella; en la cocina yo intentaba tranquilizarla diciéndole que lo importante era que estábamos juntos y el buen ambiente que había en el Cla3, comiésemos lo que comiésemos; no sé si le sirvió de algo. A partir de aquí, empecé a reflejar en fotos todo lo que podía, consciente de que el tiempo volaba irremediablemente.
Mientras la paella iba tomando forma, se incorporaban nuevos comensales.
Seguían sonando en forma de banda sonora las notas de nuestro Claudio y proseguían nuestros canturreos sobre sus canciones. Noté a Andrés especialmente dichoso esa mañana, se le notaba cómodo, desinhibido, irradiando una cálida ternura canaria. No recuerdo la hora, pero creo que eran más de las 3, cuando pusimos la mesa y llegaron los platos llenos a rebosar de ese majestuoso plato valenciano. Esto comenzó a saciar nuestro apetito, aunque la charla no decayó en ningún momento, el ruido de tenedores, platos, vasos y otros utensilios empezó a hacerse notar.
Nuestro estómago estaba agradeciendo el suministro que le llegaba. Todos fueron parabienes para Do y su histórica paella. Alberto y yo preguntamos aquello de... -¿se puede repetir?- Y acabamos con lo que quedaba. El tiempo se agotaba y en un momento no puedo reprimir hacer un comentario relativo al hecho, y Piko me dijo que era bastante pesimista, le contesté que no sabía como hacer minutos los segundos y horas los minutos y que daba pena, dado lo bien que lo pasábamos. Entonces, más o menos, fue cuando pusimos un MP3 de música italiana que había regalado a mi amigo Pac. En el salón entraba y salía continuamente gente, pero hubo un momento en que repasando el contenido del CD, pregunté por enésima vez a Alberta, ¡mi admirada Alberta!, si conocía a Luigi Tenco, -por supuesto- dijo ella, después de recordar juntos el triste final de su vida, la seleccioné y comenzó a sonar una voz vigorosa y grave, los dos, nos arrancamos cantando al unísono, intentaba seguir su perfecta pronunciación italiana, cosa que conseguí a duras penas, pero hicimos un dúo de magia y emociones memorables, miraba el vello de mis brazos y se erizaba como si por mi cuerpo circulara una corriente que me llevaba a otra dimensión (esto es lo que yo llamo sentir la música, cosa que hasta ahora había hecho, a solas). Luego ella, me dijo que había experimentado lo mismo. Al rato, repetimos la misma sensación, con “Cuando termina un amor” de Richard Cocciante, solo que aquí, era Alberta la que estaba exultante, haciendo que su cuerpo expresara en gestos incontenibles lo que esta dramática y dolorosa canción encierra. ¡Apoteósico!, no supe como reaccionar, pero sentí que había liberado las tensiones de mi cuerpo, sabía que era ya un momento imborrable. Doremi, sacó unas botellas de champán que había traído Pac y... cómo no, otra tarta, en este momento, tuve que ser fuerte por que tenía un aspecto muy atrayente, finalmente, pude resistir la tentación, brindamos deseándonos lo mejor y José se volvió a arrancar por Baglioni con unas bases que había traído ex profeso para el Cla3, cantando como, solo él, sabe hacerlo.
Vanesa, que creo no supo como expresar en palabras, lo intensamente vivido, sólo pudo romper a llorar, yo la miré y le dije, -no puedes controlarlo ¿verdad?-, comprendí que aquellas lágrimas estaban reflejando todo lo que los demás no hubiéramos podido decir con un millón de palabras. Seguidamente, juntos y con las manos en alto nos unimos a Palacios y en perfecta comunión y una vez más, como un solo corazón entonamos las notas de nuestro eterno Claudio Baglioni.
Casi no nos dio tiempo a despedirnos, la Jefa muy preocupada por la salida del avión de Andrés, era consciente de que si no lograba arrancarnos de aquel lugar, aun ahora, semanas después, seguiríamos allí, por que nadie quería romper aquel increíble momento. Lo vivísteis conmigo... besos, abrazos, -hasta pronto, nos vemos... - despedida casi interminable. A todos nos estaban arrancando un pedazo del corazón y poco a poco nos fuimos perdiendo de vista. Palacios y Pac, discutían sobre quién me llevaría a la estación de autobuses, al final ¿sabéis que ocurrió?, vinieron los dos, con sus respectivas compañeras, no consintieron dejarme solo ni un momento, nos hicimos fotos junto al autobús del Valencia, prometimos seguir en contacto, cosa que hemos hecho y cuando el vehículo inició su marcha irremediable, hacia mi punto de destino, a los pocos kilómetros empezó a apoderarse de mi una doble sensación de alegría y tristeza. El viaje de vuelta se hizo largo, muy largo, pero yo estaba lleno de sensaciones intangibles, sin precio y que muy pocos disfrutan o valoran, y sobre todo lo mejor que uno puede encontrar al final de un largo camino... unos amigos verdaderos. Quisiera acabar este relato con algunas frases y una reflexión con las que resumir lo mucho compartido entre nosotros, ellas me dan fuerzas y estimulo para poder sobrellevar en la distancia la ausencia de mis amigos: Nunca olvidaré: Doremi: Paco estás como loco? Póster: Si no hubiera estado loco, nunca hubiera llegado hasta aquí. Andrés: ¿Cómo te sientes? Póster: Solo puedo resumirlo en dos palabras, muy feliz. La Jefa: Sin ti esto no hubiera sido lo mismo (de lo más bello y gratificante que he oído desde hace muchos años). Pac: Eres parte de nosotros, nunca habíamos sentido tanta emoción por la música, como tú nos has hecho sentir. Te llevas un pedazo de nuestro corazón. Tienes que volver. Piko: Gracias por ser como eres. Alberta: Badajoooooooooooooooooooooo Póster: Claudio Baglioni (ya sé, Alberta, se dice (Bag-llioni) Piko: Ven a Punta Umbría.
REFLEXIÓN: La experiencia que vivimos en Valencia los pasados días 11 y 12 de Septiembre de 2004 en el Clá 3, fue maravillosa, el “Piccolo grande amore” fraternal que logramos construir entre todos, fue algo inenarrable, aunque yo lo haya intentando expresar en un montón de folios. Solo me queda pediros que compartáis, como lo hace Claudio habitualmente, esa dicha con la gente que nos rodea... familia, amigos, compañeros de trabajo, gente anónima que se nos acerca en busca de una palabra llena de calor o que quizá sin saberlo, solo desean sentir una emotiva nota baglioniana, si lo conseguimos en algún momento de nuestra vida cotidiana, habremos regalado a nuestros semejantes lo mejor que puede dar el ser humano... FELICIDAD.
BUONA FORTUNA, PER TUTTI
UNA VEZ MÁS, GRACIAS AMIGOS¡¡¡ NOS VEMOS EN EL CLA 4 !!!
Póster (Paco Domínguez)
Badajoz, Septiembre de 2.004 |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
NB: La música de fondo es "Poster": por el nombre del autor del relato y por el contenido del estribillo de esta canción..."Marcharte, muy lejos, muy lejos...", que es lo que hizo nuestro amigo de Badajoz para venirse a Valencia. |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
páginas vistas desde 2003 |