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En Callao dejamos a Alberto que esperaba a otra amiga que se iba a incorporar al grupo; la nueva cita era a las 19,30 h. para saber si se hacía realidad la cena con Claudio, así que, como el tiempo corría inexorablemente, Shankara y yo decidimos irnos lo antes posible hacia el hotel. Dado que él conoce muy bien Madrid, acortamos por diferentes calles, llegando rápidamente. Una vez allí, aparecieron los demás: Alberta, acompañada de Antonio, vía aérea, nada menos, que desde Italia, para estar unas horas en España; Sonnia y Javier, Max y su familia, Concha y su marido desde Murcia, Vane de Alicante que eligió el tren como medio de transporte y Sara y su compañero, que horas antes habían partido desde Valencia.
Las escenas del mediodía, una vez todos juntos, volvieron a repetirse. Mari Carmen tenía la certeza de que Claudio se decidiría finalmente a estar con nosotros en esa cena previamente pactada en Italia. ¡Para la mayoría era el sueño de toda una vida, casi 30 años! Desconozco los detalles de la conversación que ella mantuvo con Sandrone, me acerqué para hacerles una fotografía y en sus caras pude leer que las noticias no eran buenas (¡ingenuo de mí!). Me volví y le dije a Esther, compañera de Puoi, que el evento se había frustrado. ¡¡¡ Ella me tachaba de pesimista!!!!. Instantes después, Mari Carmen nos confirmó, lo que en principio parecía una mala noticia. No iba a haber cena. Pero Claudio había decidido recibirnos en una de las dependencias del hotel durante un rato. Andrés y yo empezamos a coincidir en que posiblemente con el cambio de planes saldríamos ganando. Fueron unos minutos que hicieron subir la temperatura ambiental, pensando que de nuevo, tendríamos a ese hombre, para nosotros, casi inalcanzable, justo al lado. Otra vez... desasosiego, impaciencia, inquietud, zozobra, ansiedad, eran sensaciones que no había que buscar, estaban allí y nos acompañaban muy a pesar nuestro. De pronto vimos bajar los escalones nuevamente a Sandrone, se dirigió a Mari Carmen y nos hizo un gesto con la mano para que penetráramos en ese lugar que algunos pisamos por primera vez. Recorrimos distintos pasillos, lujosísimos, hasta llegar al lugar donde Claudio esperaba. Según me comentó posteriormente Puoi, que iba delante del grupo, estaba sentado en un sofá y al vernos llegar, se levantó y como hizo horas antes, empezó a cumplimentarnos, saludando entrañablemente a todos los miembros de Soloclaudio y acompañantes.
Yo era un manojo de nervios, durante todo el día llevé encima dos singles que había portado desde mi casa, se trataba del “Sábado por la tarde” en una reedición especial del año 76 que incluía la nota de prensa promocional para prensa y radio, así como la primera edición del mismo tema en su versión italiana. Personalmente me parecía el material idóneo, por varios motivos, primero por qué como sabéis la cara “B” de dichos sencillos, es “Póster” cuyas connotaciones me son muy especiales, y por otro lado se conmemora este año el trigésimo aniversario del lanzamiento de “Sábado por la tarde” y su multitudinario éxito en nuestro país, título que nuevamente ha servido como tarjeta de presentación al lanzamiento del “Todo Baglioni”. “Grandes éxitos en español”. Su documento discográfico después de tan larga ausencia en el mercado hispano. Nos pusimos cerca de él. Creo que fui de los primeros en poder mostrarle lo que llevaba. Mari Carmen le hacía saber el contenido del texto en aquel viejo papel del año 76 que llegaba a sus manos de dentro del disco y tras ello hubo sonrisas de complicidad. Shankara, le informó entonces del lugar donde pensábamos cenar y el horario de su actuación, interpretando temas de los Beatles.
Durante unos momentos Claudio retuvo entre sus manos los singles, hasta que pude hacerle saber, cosa que no resultó demasiado fácil en medio del alboroto, que lo que pretendía era que me los dedicara, él amablemente accedió y fue Shankara el que nos facilitó el rotulador permanente con el que habría de escribir todas las dedicatorias. Me preguntó de nuevo mi nombre y le respondí que Paco-Póster, sus palabras impresas para siempre en esos documentos sonoros fueron estas: “A Paco-Póster. Toda mi amistad. Claudio Baglioni” (single en español “Sábado por la tarde”). Tuve que indicarle que detrás de ese sencillo, cuidadosamente enfundado en una bolsa de plástico, había otro. En este caso, su dedicatoria me conmovió extremadamente: “A Paco-Póster per ir lejos. Claudio Baglioni”. (single “Sabato pomeriggio”). Las imágenes de estos bellos e inolvidables segundos fueron plasmadas por Shankara, hecho que le agradezco ahora públicamente.
Imagino que cada uno podría narrar en primera persona, pasajes muy similares a este, vividos desde una tremenda emoción subjetiva, pero compartida, al vernos, unos a otros, aquellas caras que solo podían revelar una sublime felicidad. A partir de aquí, los flashes de las cámaras de fotos empezaron a impactar continuamente sobre Claudio, cada cual a su manera, quería perpetuar un detalle, un gesto, una expresión que hiciera de aquel momento algo único e irrepetible. Mari Carmen, desde un bondadoso segundo plano, disfrutaba de un sueño, por el que me consta, había luchado durante mucho tiempo y su forma de compartir aquello es algo que jamás olvidaremos.
Max cogió su guitarra, que trajo a instancias de Mari Carmen y empezamos a entonar, sobre todo con buena voluntad e intentando hacerle un pequeño regalo, las notas del “Sabado...”. Levantó la cabeza y haciendo como que tomaba la batuta nos dirigió por unos momentos, luego nuestras emocionadas voces empezaron a mostrar claros síntomas de sus limitaciones. Claudio simultaneaba estas expresiones con una continua firma de autógrafos. Concha entonces, le hizo un pequeño obsequio, que recibió con agrado. Luis Abel le informó sobre los pines con su imagen que con tanto trabajo y cariño talla para nosotros. La lluvia de fotos era incesante. Antonio, desde Italia, también le había traído algo especial para que se lo rubricara.
Justo en ese instante Andrés, le recordó a Claudio una intervención suya en un programa de TV y el bromeó contestándole “Tenerife In”... carcajadas y mas carcajadas; su constante sentido del humor reflejaba un júbilo que terminaba por contagiarnos y en todo momento exhibía, una enorme efusividad, ya que acabó abrazándose al canario.
Había un estado de agitación generalizado, que cada cual intentaba canalizar como podía. La respuesta de Claudio ante ello, no se hacía esperar, siempre en el rostro, una hermosa sonrisa.
Max y su emblemática guitarra, donde previamente Claudio, había escrito una preciosa dedicatoria, sirvió para que poco después le insistiéramos en que la cogiera entre sus manos.
Un sueño estaba a punto de cumplirse, escucharle interpretar algunas notas, algo a lo que tras unos segundos, accedió sin problema; rasga sus cuerdas y las afina mínimamente, no dábamos crédito a lo que veíamos; iba a cantar sólo para nosotros en ese espacio íntimo donde por todos sus rincones y paredes, sonarían su voz y su música. Cada uno pidió su favorita y a mi mente vino entonces aquel concierto suspendido en Enero y que ahora se me recompensaba con creces. Antes de arrancarse, nos informó del CD exclusivo para los Clabbers que se ha editado recientemente y donde este instrumento juega un papel protagonista. Hizo un amago, soltando de forma tímida unas notas de “Amor bello”, entonces, creo que Alberta le inició en la letra de “Solo” y otro siguió con ese mismo texto... alboroto general, los nervios continuaban a flor de piel.
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